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5864

EL TEATRO.

DE OHRAS DRAMÁTICAS Y LÍRICAS.

Zi^ JMMMIWMWÍA.

ZAliZDKI.A EN TRES ACTOS 't' -ES ÍV'ERSC.

•.b".s)-u{I»fi

Imprenta de José Rodríguez, calle del Factor, núm. 9.

l'l'PiTOS DE VENTA.

M&Ar'íA i librería de Ctteslu, caite Miayor, nútn, '9,

PROVINCIAS.

Albacete.

ilcoy.

J^lgeciras.

Alicante,

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Áranjuez ,

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Pérez.

V.deMarti é hijos Almenaiít. Iburra. Alvaiez. Prado. Rico. Ordjna.

Viuda de Mayol. Astuy. Hervías. Valiente. V. de Moraleda. . Saenz Fálcelo. Lozano. Mariana. Gutiérrez. Arellano. García Alvarez. Muñoz García. Sánchez. Garcia.

Conle Lacosle. Doica. f-

Sanz Crespo. ' Zamora. Oñana.

CharlainyFernz. Quintana. Osorno. Guillen. Idalgo. Bueno.

Viuda de Miñón. Zara y Suarez. Pujol y Masía. Delg-ado. Verdejo. Cano. Cañavatte. Abada!.

Hermanos de An- drion.

Motril.

Manzanares.

Mondoñedo .

Orense.

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Palma.

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Montero.

Gutiérrez éhijos

Gelaberl.

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Camero.

Cubeiro.

Puerto de Santa

Maria. Valderrama.

Puerto-Rico. Márquez.

Reus. Prins.

Ronda. Gutiérrez.

Sanlucar. Esger.

S. Fernando. Menoses.

Sta. Cruz de Te- nerife. Ramírez.

Santander. Laparle.

Santiago. Escribano.'

Soria. Rioja.

Segovia. Alonso.

S. Sebastian. Garralda.

Sevilla . A I varez y Comp.

Salamatica. Huebra.

Segorbe. Clavel.

Tarragona. Aymat.

Toro. Tejedor.

Toledo. Hernández.

Teruel. Castillo.

Tuy. Martz.de la Cruz.

Talavera. Castro.

Valencia. Moles.

Valladolid. Hernaínz.

Vitoria. Galíndo. VillanucvayGel-

trú. Magín Beltran j compañía.

Ubeda. Treviño.

I Zamora. Calamita.

' Zaragoza. V. Andrés.

LA JARDINERA,

ZARZLKLA EN TRES ACTOS Y EN VERSO

ARREGLADA A LA ESCENA ESPAÑOLA

POR DON FRANCISCO CAMPRDON,

PLESTA EN MÚSrCA

ruR

MADRID.

Imprenta de José Rodríguez, calle del Factor, núm. 9.

L'i propiedad (lúl libreio de esta zarzuela, la de Los Diumantes de la Corona, El Dominó Azul , Guerra á Muerte, Mürina , El Vizconde, El Diablo en e! Po- der, El Lancero, Juan Lanas tj El Rehimpago, y la de los dramas Flor de un dia, Espinas de una flor, Liber- linoje y pasión y una Ráfaga, pertenecen á D. Fran- cisco Camprodon, y nadie podrá sinsupermiso reim- primirlas ni representarlas en los teatros de liypaña y siis posesiones , ni en Francia y las suyas.

Los corresponsales del Sr. Gullon, editor de la Galeria lir ico-dramática El Teatro, son los encar- gados exclusivos de su venta y cobro de derechos de representación en dichos puntos.

A LA excelentísima

Sra. Coníresa í»el €a$íella.

su HEJOR JlHIGO

b>í oLiitov.

PERSONAS. ACTOUES,

MARÍA, jardinera Sta. Morillo.

TERESA, dueña de la

huerta Sta. Fernandez.

EL CONDE DE ONTE-

NIENTE Sr. Salas.

ERNESTO DE ALVEAR,

marqués de Segorbe y

capitán de caballeria. . Sr. Salces.

BLAS, artesano Sr. Caltañazor.

UN CABALLERO Sr. Fernandez.

UN CRIADO Sr. Arderius.

UNA JARDINERA Sta. N. N.

Caballeros , jardineras ó ramilleteras , arleganos y hortelanos.

La escena pasa en Valencia, reinado de Felipe V.

ACTO PRIMERO.

El teatro représenla una plaza de Valencia. A la iz- quierda del actor, fachada del palacio del Conde de Onteniente, con puerta grande y un balcón sa- liente y practicable. A la derecha puerta de una huerta con tapia, enfrente de la puerta puestos de flores de quita y pon. Al lado de la puerta, 'una capilla de San Vicente con un farol encendido.

ESCENA PRIiVIERA.

Aparecen muchachas vendiendo flores, y caballeros galanteándolas.

INTRODUCCIÓN.

Cab. i Ramilletera valencianita,

de tez mas fresca que el mes de abril,

de buena gana te compraria

todas las flores de tu jardín. Muj Vos no podríais con todas ellas,

compradme solo las que hay aquí. Cab. La que yo quiero no está en la muestra . Mcj. ;Pues cuál es esa que preferís?

Cab. La flor que nace de una caricia,

de tu boquita de serafín. Ml'j. Precisamente esa es la sola

O \j^ O / i.f /

— 6 —

que no se vende de mi jardín. Cab. Entre flores hechiceras

la mejor es esa á fé, pdnla el precio que tú quieras, que yo te la compraré.

Ya verás,

ya verás

si tendrás

galardón.

Doy por ella,

niña bella, cuanto halague tu ambición . Mlj. Esa flor es delicada,

y en tocándola una vez queda mustia y deshojada y no vuelve á florecer.

Por acá

no se da

por ningún

galardón,

si no deja

por pareja el galán su corazón.

ESCENA II.

Dichas y Maru con una cesta de dalias.

¡VUniA. Mas frescas que el roció

de la mañana,

galantes caballeros,

vendo mis dalias. Cab. Robáronles sus tintas,

niña galana,

tus labios hechiceros

de nieve y grana. María. Gracias, señores,

por la bondad,

nada han perdido,

ved como están.

Si algunahermosura

os mueve querella,

no habloisá la bella

sin darle una flor:

trocad su fragante

perfume liecliicero,

por un lisonjero

suspiro de amor. €ab. Vengan al punto,

tienes razón,

que con las flores

entra el amor. {Toman iodos los ramos. María ?/ r.ouo.

Si las rosas en flor dicen

que es primavera,

unas dalias en el moño

dicen, Valencia.

Nacieron ¡ay!

para morir

en la trenzas de las niuas

de este pais.

U> CAB. ¿Dónde lias aprendido, niña,(i4 Maria.)

ese canto lan gracioso

y esas maneras tan finas? Iíahía. Las da la tierra. Cac. ¿Pues cómo

no las tienen las demás? María. Será por los buenos ojos

conque rne miráis. (Iab. ¿Dime, eres

agradecida? María. Muy poco.

Cab. ¿Haces alarde de ingrata? María. Asi lo quiere mi novio. ^]^n. ¿Y haces todo lo que él quiere? María. Suelo complacerle en todo. Cas. ¿Y le quieres? María. Un poquillo.

Caj!. ¿y le eres fiel? Marí.\. Como el oro.

Cab. Mucho envidio su fortuna. Varia. Si es casi menesteroso.

— s

Cab.

Si lú quisieras...

María.

No quiero.

Cab.

¿Ya sabes qué?

María.

Lo supongo.

Cab.

¡Muy pronto has adivinado!

María.

Es que mi padre era astrólogo

Cab.

¡Qué duendes son ius ojillos!

María.

¡y os venis sin un hisopo?

Car.

Deliciosa jardinera.

Makia.

CaJjallero delicioso.

Cab.

Alójame. .

María.

Si no hay donde,

lo tengo ocupado todo.

Cab.

Poco tienes de largueza.

MaRJA.

Menos tenéis vos de corto.

Cab.

Dios te haga mas cariñosa.

María.

Y á vus menos cariñoso.

(Yátise los caballeros.)

ESCENA MI.

Teresa, María, y muchachas.

Ter. Basta por hoy de vender, pues se fueron los señores, retirad los mostradires que empieza ya á anochecer. ¿Qué tal venta? {A María.}

María. Cesta entera:

ved, no ha quedado una ílor.

Ter. Como escoges lo mejor,,.

María. Pues escogí la postrera.

Ter. ¿y eso qué tiene que ver?

María. Nada, Teresa.

Ter. a lo mas

probará, que las demás no saben nunca escoger. Anda y haz el ramo ahora para esa dama de enfrente, la condesa de Onteniente, tu madrina y protectora.

Maria=. Voy.

» — 9 —

Ter. Atiende, de camino,

ya que mañana es tu ijoda,

íiazte el ramo. Mabia. Me acomoda.

Ter. Haces un gran desatino. María. ¿En qué? Ter. Eu lomar por esposo

á ese estúpido de Blas,

el liombre mas tonto y mas

desconfiado y celoso... María. Pues no me parece asi, Ter. Pronto te convencerás.

¡Bien sabes que tiempo atrás

fijó sus miras en mí,

y á no mostrar yo desvio

su mano me jmbiera dado;

¡no habia aun heredado [Suspiraiido.)

la fortuna de su lio!

Pero en fin, si ello lia de ser, .

cuánto antes mejor. UiNA. ¿De veras?

Ter. a trabajar, bachilleras,

¿quién os pidió parecer?

Todas quisierais un Blas

que viniera cada dia

como él, á ver á Maria

siempre dale que le das. Todas. Todas. Ter. Pues yo me opondría

á semejante proyecto;

eso es de muy mal efecto

en casas como la mia.

Si las mozas casaderas

evitaran esa plática,

fuera menos problemática

la honra de las jardineras;

y ademas muchos señores,

que buenas flores ansian,

desde luego pagarían

mucho mas caras las flores. Vy^. ¿Y eso qué? Ter. Tened presente

— lo- que mañana son las bodas, y estáis convidadas todas. La condesa de Ontenienle, que es madrina de Maria, quiere la boda y feslin celebrar en su jardín.

Todas. ¡Qué alegría, qué alegría!

Ter. Conducios con buen modo y amabilidad escasa; haced honor á mi casa, y á la moral sobre todo.

Todas. Corriente.

Tkr. No tengo mas

que añadir.

U.\A. A nuestro encuentro

viene Blas.

Ter. Vamos adentro,

me achicharra el ver á Blas. {Vánsc á la huerta.)

ESCENA iV.

Blas, del fondo.

Solo al mirar la puerta de su morada, mi corazón de gozo, baila que baila. Es natural,

mi niña es un bocado de cardenal. Tras de diez nieses de suspirai', mañana el cura uos casará; mañana al cabo cesa mi aTan, tendré mi dulce cara mitad,

y asi que se deje ver,

— 11 —

dirán ¡íjué bonita es! no hay mas, liay que hacerse airas, que allí vá la mujer de Blas.' . Y' el buen Blas con saludo benévolo, mas hueco que un paVo, con aire triunfal, mandará sus sonrisas al prójimo, limpiando su baba de gusto sin par.

Y asi que se deje ver, etc.

Vamos á ver á mi niña; allá la veo que asoma... con Teresa, ¡qué pesada! no la deja á sol ni á sombra.

ESCENA V-

Bl\s, Teresa , María,

Ter. Buenas tardes, Blas. nj "

Br.AS. Muy buenos. '

{Muy seco.) Ter. Para víspera de bodas,

el novio, según parece,

pone la cara muy fosca. Blas. En punto á caras, cada uno

pone la que le acomoda. Ter. ¿Hay alguna novedad {Con viveza.)

que impida la ceremonia? Blas. Para la boda ninguna,

mas para el novio, no pocas. María. ¿Pues y eso? J

Blas. Como en Valencia {Amable.)

con motivo de estas bromas,

anda la gente revuelta

y todas las noches roban.

.

~ 12 —

sele ha aniojatlo al alcalde .

hacer armar una ronda

llamada de hombres honrados;

y como buscan personas

de calidad p;ira el mando,

viendo las, que á mime adornan,

me han nombrado. .. Tkr. ¿Capitán?

Blas. No, cabo segundo. Ter. ¡Toma!...

Blas. Los capitanes son nohles,

que nos dispensan la honra,

mientras nosotros rondamos,

de dormir á la bartola:

y hoy el alcalde me manda

patruMar hasta la aurora.

Figúrate tú qué cara

tendrá mañana en la boda

un hombre que se ha pasado

toda la noche de ronda. -AJAR'A. Es cierto, debiste ir

al alcalde sin demora... Blas. Ya he ido á verle, y le he dicho

de una manera redonda,

que no quiero ser honrado,

que las armas me incomodan:

soy fabricante de peines,

no quiero ser otra cosa. María. ¿Y te ha dado ya de baja? Blas. ¿De baja? buenas y gordas:

dice que cumpla y recurra

después á quien corresponda.

Y ahora pase, mas luego

tener que dejarte sola

es un enredo. Ter. ¿Noves?

ya los celos le trastornan. Blas. ¿Celos de tí? no lo creas,

porque tú no eres como otras (Con ín/cnsion.)

que me encontraban ridículo

cuando no tenia bolsa. Ter. ¿Qué decís? (Picada.)

— 13 —

Blas. Nada. (Entre tanto

loma esa y vuelve por otra.)

Ter. Supongo que no ha blareis aludiendo á mí.

Blas. En buen hora:

suponed, yo no me opongo á que supongáis, señora.

Ter. Es que...

Blas. Nada, una muciía cha

tan linda como mi novia mejor estará en m i casa siendo mi reina y mi esposa, que en un jardin, donde vienen los ricos á todas horas...

Ter. Cuando una tiene buen género...

Blas. ¡Ya! io que á ellos les importa el género! Lo que buscan...

Ter. ¿Qué?

Blas. Nada. Doblemos la hoja.

Ter. {Con intención.)

A propósito, Maria, habrá como unas dos horas, cuando estabas aiií enfrente á ver á tu protectora, vino á preguntar por tí un joven...

María. ¡\*ot mí'í (Extrañando.

Ter. De formas

muy distinguidas: su aspecto parecía de persona de alta clase, pues iba en una soberbia carroza. Vestía uniforme de capitán de la Corona: me preguntó si vivía aquí María Mendoza, y le contesté que entonces estabas con la señora condesa de Onteníente.

Blas. ¿Y

qué es lo que quería?

Ter. ¡Toma!

— 14 —

¿Qué sabe una? Blas. (Me parece

que ella se forja esa iiisforia.) Maru. ¿No dijo quién era? Ter. No;

mas del libro de memorias

rasgó una boja y me encargó

que te la enlregara: toma. {Dándosela. Mahia. a ver. — «Ernesto de Alvear, {Leyendo.)

marqués de Segorbe.» — i.\h! Blas. ¡Hola! (Escamad-).

parece que es conocido. Ter. (Ya le lia picado la mosca.) Marl^. ¡l5rnesto aqui! Blas. A ver, ¿quién es

ese capitán de tropa,

del cual no tuve noticia

hasta la presente hora? Ter. Yo siento haberlo contado

delante de Blas: perdona

si tal vez sin yo querer... María. Al revés, me proporciona

tal alegría esta nueva,

que no acierto á darle forma. Blas. ¿Pero sabré yo quién es? María. Te lo diré, pero á solas. Ter. Si estoy de mas, me retiro. María. Gracias. Ter. (Confio que rompan.) (Fase.)

ESCENA VI.

Blas, María.

María. Blas, pues á escucharme vas,

en lo que escuchas repara,

mírame bien cara á cara,

no bajes los ojos, Blas.

¿Crees tú, punto primero,

que te quiero? ¿Si ó no? Blas. Tú, al menos, lo dices... María. Yo

— 15 —

te asegUFO que te quiero.

Asi al destino le plugo;

viendo lo mucho que me amas,

á pesar de tus escamas... (Sonriendo.) Blas. Cierto, parezco un besugo.

A veces me vuelvo loco

cuando me entra el arrechucho,

pensando en que vales mucho

y en que te merezco poco.

Quiero que en mi casa reines;

pero estoy siempre de espia,

porque como yo, hija mia,

soy fabricante de peines,

no quiero que los demás

digan luego motu propio

que fabrico lo que acopio

y acopio lo que me das.

Ya ves que esta eterna lucha,

clavada siempre en mi idea,

es porque temo que... Marta. Sea

por lo que quieras: escucha.

Yo te di el afecto mió

cuando eras muy pobre. Blas. Cierta.

María. Si después tu tio ha muerto,

es... Blas. Porque murió mi tio.

AIaiua. Repetirle será en balde

que en su herencia no he pensado:

te quiero por ser honrado. Blas. Mucho;' dígalo el alcalde. María. De tu honradez al abrigo,

crecerá mi afecto mas:

si no lo creyera, Blas,

no me casara contigo. Blas. ¡Ah! Tú á la razón me llamas

y soy en dudar un pillo:

tu palabra es el cuchillo

que me rae los escamas.

Habla, María. Calmaré el afán

— 16 —

que con el papel causé

del capitán. Blas. ¡Ali! Conque... [Escamado.]

conoces al capitán?

Luego con razón le arguyo:

luego, mas que no te cuadre,

confiesas ya... María. Que mi padre

salvó la vida del suyo.

Soldado valiente y fiel,

al grito de cierra España,

libró en abierta campaña

la vido á su coronel.

Debiéndole la existencia,

le dijo: tú vivirás

conmigo; y aliora, ademas

de comprarte tu licencia,

cuanto le pida el mngin

dímelo, que aqui estoy yo. Blas. Y tu padre ¿qué pidió? María. Una plaza en su jardiu.

A mi madre el alborozo

.no cabiéndole en el peclio,

al darle un abrazo estrecho

la mató el gozo. Blas. ¡Huy! qué gozo.

María, El marqués, en galardón

de esta pérdida, me dijo: ■ tú tendrás junto á mi hijo

esmerada educación:

y su palabra cumplió

en tanto que yo crecia

junto á su hijo, que tenia

poca mas edad que yo.

Asi germinó sin fin

en los dos ese cariño

de almas de niña y de niño

que crecen en un jardin.

Me queria mucho, y yo

le amaba... Bl'As. ¿Le amabas? ¡Cuerno!

María. Como al hermano mas tierno.

— 17 —

Bf.\s. ¿Nada mas?

María. Creo que no.

Sin embargo, á mi pesar, cuando á su lado encontraba otra mujer, me irritaba sin poderlo remediar: y al ver los ricos plumajes de las damas que venían á su casa, y que vestian sedas, brocados y encajes, las miraba con porOdia por envidia... digo... no... no sé qué sentia yo... era envidia y no era envidia.

Blas. Malum signum.

María. Mi jardin

ya no me daba alegrías...

Blas. Malum signum.

María. ¿Qué decias?

Blas. Nada, hija, hablaba en latin.

María. Una noclie, le encontré en el jardin, le seguí; por el lejos distinguí una mujer y espié, era noble, rica y bella, y él la amaba y yn lo oia... y ni por sueños podía compararme yo con ella: vi que en amoroso exceso tendió ella su mano pura, y él, con amante locura, dio en aquella mano un beso. Yo al ver tanta exaltación me alejé de allí llorando desesperada, y llevando la muerte en el corazón. Adivinó mi pesar mí padre, y en consecuencia creyó que el tiempo y la ausencia me debían de curar. Sacóme mí padre al fin de allí, y por su orden expresa

2

I

— 18 —

fui á servir ú esta condesa, (jue es la bella del jardin. Con recelosa inquietud descouíiadii viví; conocíla á fondo, y vi que era la misma virtud, y tras de aiyun padecer volvió á mi pecho la calma, porque ella sembró en mi alma la conciencia del deber.

l-kAS. ¿Y él?

-Map.ja. Siguió sin tregua alguna

la bueste del de Borbon, mas en la primera acción le fué adversa la fortuna. Dos años, con noble aliento, ba gemido en cárcel fuerte, se creyó cierta su muerte y ella aceptó un casamiento. Entonces pasé \o aqui, (Suñalando la huerta.) mus siempre bajo su amparo, ^ y entonces tú sin reparo me bablasle y dije que si. Abora sospechas te dan estas ¡incas, y te advierto que mi hermano no está muerto, mi hermano es el capitán: y si al volver él aqui te aseguro mas y mas mi cariño, dime, Blas: ¿crees en Alaria?

Bi.AS. Si;

porque veo que me quieres,

ídolo del alma mia

¡Qué bonita eres, Maria,

y qué rebonita eres!

Fuos mira, Iti relación

me ha dado, entre mucho susto,

mucha inspiración y... justo,

abora tengo inspiración.

Voy á explicarte la honda

— 19 —

pasión que tengo porjí, ahora que me siento asi...

ESCENA y\¡. Dichos y el Conde , de su casa.

«..ONDE.

Blas, a la ronda.

Blas.

¡Huy! la ronda.

Conde.

Eres como un sinapismo, siempre á tu novia apegado.

Blas.

(Ahora que estaba inspirado; siempre rae pasa lo mismo.)

Conde.

Después si lia y algún desmán por haberte retardado, van á ponerte arrestado...

Blas.

Alhá voy, mi capitán; pero apelo á vuestro fallo. ¿No es una cosa inmoral que un novio? ..

Conde.

¿Vas ú. hablar mal del ayuntamiento?

Blas.

Callo, ya que me mandáis que calle, pero...

Mawa.

Vamos, ten paciencia.

Blas.

Aunque arda toda Valencia

no pasaré de tu calle.

Conde.

¿Os casáis mañana?

Blas.

Si.

Conde.

Pues convida y gasta largo, boda y gastos van á cargo de mi mujer y de mí.

Blas.

Rendidas gracias os doy, señor conde de On teniente.

,

Conde.

Anda ahora diligente á rondar, Blas.

Blas.

Allá voy. {Váse.)

I¡?l.,l

']u;M.'

Conde. Rebeldilla deliciosa ven acá, ¿conque vas á ser la esposa

— 20 -

del buen Blas? Mauia. Por gozar de paz y calma

lo hago á fé, Blas me quiere con el alma y yo á él. CoxDE. Afortunado

es ese Blas.

(¡Qué buena breva

se va á chupar!) María. Su corta dicha

no hay que envidiar,

que vuestra esposa

aun vale mas. Conde. No hablemos niña

de mi mujer,

que aqui no tiene

nada que ver. María. Pues yo con ella,

si vos quere is,

este negocio

consultaré. (^ONDE. No por mi vida;

no hay para qué.

María.

La cualidad primera

de una muchacha, es ser discreta y lista

sin ser huraña.

Ser compasiva

y amable ser,

es de las niñas

el A,B, C. Si, si,

tú sabes mucho,

y lo serás

asi que seas

mujer de Blas. La cualidad primara

de una muchacha, antes que ser discreta

es ser honrada.

Si á los amores

— 21

se muestra infiel

no está en mis libros

ese A, B, C.

No, no,

y esta doctrina

sabré guardar

asi que sea

mujer de Blas^

Conde.

El buen Blas se mira cu lí

María.

Si, si.

Conde.

Mas también te quiero yo

María.

No, no.

Conde.

Mi alma amores te dará.

Mariv.

Ya, ya.

Conde.

Y algún premio alcanzará

María.

¡Cá.'icá!

Conde.

Si fuera rey

ó emperador.

oro y poder

te diera yo.

En tu mirar

I

encantador,

se vó brillar

la luz del sol.

Quiéreme, pues,

y en galardón

pondré á tus pies

mi corazón.

Todo cuanto bay

te diera yo,

si fuera rey

ó emperador.

María.

Si fuerais rey

ó emperador.

no fuera á fé

la reina jo.

Tenéis mujer,

que es como un sol.

y le debéis

el corazón.

Es muy gentil,

noble es cual vos,

~ 22 -

queredla bien y fiareis mejor, que al que es mi igual prefiero yo, no quiero rey ni emperador.

KasiiADO. (Oscurece.)

Conde. Ingratilla, merecieras...

mas no me quiero enfadar

contigo, porque me gustas

■por lo rebelde y tenaz. María. Vaya, después de tener

una esposa angelical,

¿qué falta os hace en el mundo,

la pobre novia de Blas?

Cuanto mejor obraríais,

ya que sois su capitán,

haciendo que no tuviese

que ir por la noche á rondar. Conde. Deja que ronde, que ronde. Maru. ¿No veis que á él no le da

por las armas? Si él tuviera

vuestro espíritu marcial ,

vuestra fama de duelista... Conde. Si yo soy moro de paz,

pero en este país, hija,

hay gente tan necia y tan...

que cree que el ser conde, es

sinónimo de auimal,

y al ponerle á uno en ridículo

hay que hacerse respetar.

Se toma guardia de quinta,

y abriendo un par en canal

se extiende la voz de que

el conde sabe pegar,

y no se meten con uno.

Ahí tienes, mil nobles hay ^j-

que se hacen matar por celos; «

yo no los tuve jamás: *

— 23 —

me batiré sin tenerlos,

pero es por el qué dirán,

por lo cierna?, soy mas dulce

que un almíbar.

María.

Es verdad, pero es tan fácil ser dulce cuando uno es feliz...

Conde.

Cabal. A mí me faltan, dos dedos para serlo, nada n)as; que tú me quieras un poco; ya ves tú que poquedad. Tienes un aire tan noble y tan regio.

Mauia.

No es verdad.

DoNOü.

Si es verdad; y bay un perfume cerca de tí...

31aiua.

Es natural, como que vivo entre flores, me prestan su aroma.

Conde.

¡Cá! HueFes tú mncbo mejor

que el mirto y el arrayan,

Mi:, .if.

la prueba es que yo te buelo

^

y te voy siempre á buscar.

Viií. ;■■;'>

¡Tú me haces falta, Maria!

Marix.

¿Queréis una mujer mas?

GONDE.

Tú no eres mujer, tú eres un diablillo familiar, muy tentador y muy lindo. Trae tu mauecita acá.

Maiua.

No quiere Blas, señor conde.

Conde.

¿Cómo que no quiere Blas? ¡Después que soy el padrino!

Maru.

Aprensiones que le dan.

Conde.

Mañana quiero tu boda en mi jardín celebrar, y por culpa tuya, el cabo se reirá del capitán: tú minas la disciplina, no importa; convidarás á todas tus compañeras,

)

) -

- 24 —

á todas, con eso habrá

mas animación, mas zambra

y mas chicas. Mar;a. ¡Qué bondad!

Co.\DE. Si yo soy muy bondadoso. Waria. Yo os pagara... Conde. Pesia á tal,

pues paga. (Yendo á abrazarla.) María. En esa moneda,

señor, no os puedo pagar. Conde. Bueno, favor por favor:

vé esta noche á acompañar

á mi mujer por vez última,

pues tantas lo has heciio ya. María. ¿Se siente mala? Conde. Un poquillo:

esas cosas, que le dan

por no salir de su cuarto:

es un dolor inspirar

unas pasiones tan fuertes.

¡Si vieras con qué p9sar

voy al baile! María. ¿Estando mala

de su lado os alejáis? Conde. ¿Yo alejarme? No lo creas,

si el baile del duque está

á seis puertas de mi casa.

Con pena voy. Makia. Pero vais.

Conde. Ella te quiere. María. ¡Es tan buena!

Coade. y tú la distraerás.

He mandado como siempre

poner tu cama detras

del cuarto de mi mujer. M AhiA. ¿En la alcobita que da

á ese balcón? Chmde. Justamente:

mañana la cambiarás

por la del cabo que ronda. María. Dejadle al cabo rondar,

que al cabo yo soy del cabo

— 25 —

y no valgo un capitán. (Fase ó casa del Conde.)

ESCENA Vil.

El Conde.

Esta muchacha es de roble, pero tiene buen cariz, solo le falta el barniz del fino trato de un noble.

Y lo tendrá, mis cuidados la atraerán á mis altares;

no hay remedio, esos pelgares son de los predestinados. Por mas que se muestre ingrata abrigo el dulce presagio de que no marra el adagio, el que la sigue, la mata.

Y aunque se opusiera el orbe la tengo de seguir yo... Vamonos al baile.

ESCENA VIII.

Dicho, y el Mauqués, fondo izquierda.

Conde. ¡Oh!

Señor marqués de Segorbe;

lengo una satisfacción

que puede valer per tres

en abrazaros, después

de vuestra resureccion. Marq. Conde (su esposo). Conde. Por Dios

que aunque ahora os muestro alegría,

he pasado todo el día

diciendo pesies de vos.

Llegáis, y en el mismo dia

no queda casa en Valencia

que no honre vuestra presencia,

y se os olvida la mia.

Marq. No, señor conJe, mi intento no lia sido nunca olvidarla, no me atreví á visitarla sin un previo ofrecimiento, y tendré sumo placer...

Conde. Mi instinto lo presentía. Eso mismíi le decia esta tarde á mi mujer. Si en la extricta observación del cpmplido, él se coloca, no hay remedio, á tí te foca mandarle una invitación, y me lia prometido ya escribiros.

Marq. ¡Tal lionor!...

Conde. Nada, amigo, es de rigor; lo mandé y escribirá. Sois muy simpático.

Marq. ¡Ali! no,

conde, favor que me hacéis.

Conde. Y aun sospecho que tenéis los mismos gustos que yo.

Marq. ¡Yo!...

CoKDE. Algo hay que os hace tiÜH

por estos alrededores. ¿Verdad que os gustan las flores y las chicas del jnrdin? También me gustan á mí; mas vos cazáis dia y. noche: vi esta tarde vuestro coche que estaba parado ahí, y he supuesto sin error que alguna ramilletera corre peligro.

Marq. Quimera.

Conde. ¡Picarillo seductor!

¿Venis conmigo á la fiesta que da el duque?

Marq, Iréis allá

con vuestra esposa...

Conde. No; está

ligeramente indispuesta.

— 27 -

Se sentía delicada

y quiere acostarse al punto. Mahq. ¿Qué tiene? Conde. . No lo pregunto;

yo nunca pregunto nada.

En perdiéndome de vista

siempre la encuentro llorosa:;

yo lO siento, mu? no es cosa...

de estar cosido...

(En este momento sale un criado de casa del

conde con una carta.)

Eli, Bautista,

¿dónde vas? Criado. Se me mandó

llevar esta carta. Conde. ¿Pues? -.

Guiado. Casa del señor marqués ; ',

de Segorbe. ■ .-

Conde. Ya escribió.

Dame. CniADO. El ama me ha encargado

entregarla sin demora. Conde. Pues dices á la señora

que yo mismo ¡a he entregado .

Tomad: ya que es menester , '

que se os invite, os invito. Marq. Gracias. Conde. Yo no las admito;

dádselas á mi mujer.

Os dejo aqui de emboscada,

y casi casi barrunto... Marq. Conde... Conde. Si yo no pregunto;

yo nunca pregunto nada.

Ojead el jardin... Marq. (¡Oh!)

Conde. Pero apuesto a que hoy no viene.

(Lo dicho, este chico tiene

los mismos gustos que yo.) {Váse )

— 28 —

ESCENA IX.

El Marques.

Gracias á Dios: de impaciencia se rae artlia el corazón. ¡Ali! Este es su primer (ion Iras de dos años de ausencia. {Abre la carta y lee á la luz del farol.) ((Quizás liaga mal en escribiros, Krnesto; pe- ro el deber me obliga á ello, pues no quiero que culpéis á mi pobre corazón del cambio en que me encontráis. Nos queríamos désele la infancia y estábamos destinados á ser el uno del otro. Después de aquella acción en que quedasteis en el campo, vuestro mismo general nos participó la noticia de vuestra muerte, que costó la vida á vuestro padre. Por mi parte, bubiera consagrado con placer .mi vida entera al recuerdo de vuestro amor; pero era liija y debia obedecer á mi padre: mandaba en mí y me casé.» ¡Pobre Adela! ((El infortunio no tiene mas que un consue- lo, y ese lo tengo, que es la resignación y la conciencia de baber cumplido siempre mi deber , y os pido por último favor que me ayudéis á olvidaros. Haced que otros lazos y otras afecciones os alejen aun mas de mí: eso os costará, pobre Ernesto; pero es necesario, y yo os lo ruego. Evitad el verme , y si me amáis aun, si me habéis amado, no queráis que vuestra memoria venga á aumentar el dolor de una esposa que ruega á Dios todos los dias por vuestra felicidad.»

ROMANZA..

Olvidar un amor, que es ¡ay! mi vida. ¡Olvidarla! ¡Gran Dios! ¿Cómo se olvida?

— 29 —

Dos años enteros gemí en lontananza, viví de recuerdos, viví de esperanza: un ángel celeste decíame en sueño: tu dicha y tu dueño te esperan allá; y en vez de Ja hermosa que tanto he querido, encuentro la muerte, encuentro el olvido. Sin ella, Dios mió, de luto cubierto, un vasto desierto mi vida será. Si olvidarte es necesario por cumplir con el deber, dame fuerza, dame fuerza de poderle obedecer.

ESCENA X.

Dicno y María, saliendo de casa del conde y hablan- do con uno que se supone dentro.

María. Podéis recogeros todos,

la señora lo mandó:

dice que quiere acostarse,

se encuentra mucho mejor.

¿Que si hay cuidado? Ninguno:

ya veis, cuando yo me voy

á mi casa... Buenas noches. Marq. (Si, yo conozco esa voz.)

¡Maria! María. (¡Él!) Señor marqués...

Marq. No soy marqués ni señor,

soy tu hermano que te encuentra

y el cariño te gritó.

¿Pero qué tienes? Parece

que huyes de mí con temor.

30 -

Maria.

¿Yo temeros? Al contrario..

Marq.

Niña de mi corazón,

tras muclias dias de pena,

la vista de tu candor,

una gota de alegria

en mi pecho derramó.

Me miras con un asombro...

María.

Os creia feliz.

Marq.

No.

Mas tú, ¿qué tienes, Maria,

estás triste?

María.

Lo estáis vos

y soy vuestra hermana, ¿cómo

no queréis que lo esté yo?

¡VIarq.

Tal es mi sino, Maria,

conmigo va la aflicción,

la nube de mis pesares

nubló de tu dicha el sol;

tierra que pisa mi planta

da cosecha de dolor.

Mas, ¿cómo te encuentro aquí

á tales horas?

María.

Señor,

de casa de la condesa

de Ontenieiite salgo.

Maro.

(¡Oh!)

Maria.

Pensé pasarme la noche

velando á su alrededor...

Marq.

¿Qué tiene?

María.

Se halla aquejada

de una convulsiva tos,

y de sorda calentura

se quema al lento calor.

Mas dijo cjue se sentia

yu mas aliviada, y vos

me encontrasteis en el tránsito

á ini pobre habitación.

Quiere estarse sola.

Marq.

(Sola.)

María.

¿Qué tenéis?

Marq.

(No verla. ¡Oh!)

María.

¿Qué tenéis?

— 31 —

Marq.

Nada Maria. •

Makia.

Habéis perdido el color.

Marq.

Mañana... le explicaré...

María.

Mañana... me caso.

Maro-

(¡Oh Dios!)

Todos con amores viven.

y yo muero sin amor.

¿Quieres á tu novio?

ma RÍA,

Si...

Marq.

¡Serás feliz!

María.

Si, señor. {Llorando.)

Marq.

¿Lloras Maria?

María.

Es do gozo

de veros. ¿Vendréis?'

Marq.

¿Pues no?

María.

Me liareis tan feliz si os veo.

Maro.

¿Cómo lie de faltarte yo?

Maria.

Adiós, piiei, hasta mañana. (Fase.)

Marq.

Duerme en paz, Maria, adiós.

¿Y he de alejarme de aqui

sin decirla una vez?... no;

he de verla, aunque á su puerta

me arranquen el corazón.

{Se precipita rcsueltamenle en casa del

Conde.)

ESCENA X!l.

Bi.AS y paisanos armados.

Coro. Durmiendo tranquila

está la ciudad,

la ronda que vela

ccnserva la paz. Blas. Pierdo la noche

monda y lironda,

tomo el relente

ronda que ronda,

mientras mi casa

sola está

ha^-^a yo el oso

por la ciudad.

— 32 ~

Ni un alma viviente

se atreve á asomar

sabiendo que ronda

la ronda de Blas. {Se'van.)

ESCENA Xlil.

El Conde.

Nada, me voy á acostar:

bonita está la función,

no he visto en todo el salón

una cara regular,

y si he de echar á perder

el tiempo sin conseguir

nada, mas vale dormir

(Llama á la puerta de casa.)

y cuidar de mi mujer. [Se oye la ronda.)

Creo que la ronda esta

es de mis subordinados;

rondad vecinos honrados,

vuestro capitán se acuesta.

(Ábresela puerta. Vuelve á salir la ronda

siguiendo el cardo de)

Coro. Pierdo la noche, etc.

(El Marqués en el balcón de la casa del Conde.) No hay medio de salir, protégeme gran Dios, mil muertes antes, cielos, que lastimar su honor. Blas. ' Parece que diviso

un bulto en el balcón, pongamos aqui en juego la astucia y el valor. Tomad las avenidas, silencio y discreción. (El marqués se descuelga por el balcón, y al llegar al suelo, la ronda se echa sobre él) Coro. Alto aqui.

— 33

Ma-q.

¡Maldición!

CORII.

¡Al ladrón!

¡Al ladrón!

MORQ.

No gritéis, •

vive Dios.

Coro.

Date vil á prisión,

no escuchéis al bribón

se tiró del balcón.

¡al ladrón, al ladrón!

Marq.

No gritéis,

vive Dios,

na mováis

confusión, •

ved que estáis

en error,

yo no soy

un ladrón.

ESCENA XIV.

Dichos, ij el Conde saliendo de su casa y cuatro laca- yos con hachas.

Conde. ¿Qué ruido es ese " .

que aqui se armó? Coro. Que henaos cogido

á un malhechor . que se ha tirado

de aquel balcón. Conde. ¿Del de mi casa?

{Avanzando á reconocerle.)

¡Cómo! ¿Sois vos? Maro. (¡Dios de clemencia,

salva su honor!) Coro.. De alli el tunante •

se descolgó. Conde. (Del de Maria,

¡zape!) Ah bribón, . . tan á lo manso

qué listo sois. [Aparte al marqués.) ■Jarq. (Qué significa...)

Blas. (No se enfadó. )

3

- 34 —

CoKDE. (Desde esta tarde

me-iacalé: fie Blas la itovia cazó el marqués. ¡Já,já,já, já! \ibuen gftlpe está!) (>0ko. . ¿De cjüé demonio

- '• se reirá?

Conde. '. VV^éo que iu rond'a '.estaba alerta: . te doy, q-ueridocabo,. la enhoraijuena. ■ (¡Ay, pobre Blas, • qué fresco estás! pues con tu boda • • ■ • te lucirás.) Blas. •. '■'(Para tomar «1 casa tan ala fresca, '' debe tener bien ahclias las tragaderas. Pues esto y mas • se lo eclia futras; .

tiene un gaznate . de Barrabás.). Map.q. ■: ; (Mi corazón no vuelve .. ;. . de su sorpresa: toda mi sangre helada,_ • . tengo en las venas. •

¡Aiil.Teo piedad,-; ..■ ■ Dios de -bondad, < " ■ ■ y á la inoceiite . ,,, • .■ . tu mano da.) ■ ' í\ _■•.• CoKO. . .Pues señor, .bueno, vac' ' .•cuando al bu«n xíTipitan • se le vérelozar, . bueno. ya, bueno va. ■ C.o.^üfa;. Dejad, ainigosmios,

á vuestro preso en paz,-., _ . . que yo por él respondo. doHO. Responde el capitán.

Blas. (Entonces essin duda

— 35 —

1 adron de calidad.) Marq. (Tan misterioso enigma

no acierto á descifrar.) . Con de. (Prudencia, que este cabo (Al marqués.)

es el novio de la...)

Buenas noches, caballeros; "

va 9 acostarse el capitán,

y mañana brindaremos -

al casarse el cabo Blas. Coro. . Buenas, señor conde;

nos volvemos á rondar; •

y mañana brindaremos

al casarse el cabo Blas. Blas. Buenas noches, señor conde;

nos volvemos á rondar,

y mañana vueslra tropa ; , en mis bodas brindará. •

Marq. (Se ha salvado, se ha salvado.

¡Oh milagro celestial!

salió ilesa la lionra suya,

Dios por ella velará.)

FIN DEL ACTO PRIMERO..

=^m

Jardin del palacio del Conde de Onleniente. Pabe- llón saliente en el primer plano á la derecha del actor, con ventana de celosía que abrirá por fuera frente al público. La puerta por el centro de la es- cena.

ESCENA PRIMERA

Blas y María de novios, el Conde, sentados, Teresa, artesanos , ramilleteras.

Coro. Del aderezo de España

el Turia es la diadema, y si España fuera un huevo la yema fuera Valencia. Siga la danza, siga la broma, dale que dale, toma que loma. Dame un cariño cara de arroz, que en viniendo de un pié valenciano sabe á gloria aunque sea una coz. Jardin de los cielos, plantel del amor, oid sus mujeres • • del tipo que son.

37

Conde. Coro.

Conde.

Coro.

Conde.

Coro.

Hola, venga, suelta, dale que atice una copla, que cante el señor. Ya voy, ya voy. Oid sus mujeres del tipo que son. Mano cliica y juguetona, labio fresco de ababol, trenza larga y ojos negros y quebradas de color. Siga la danza, siga la broma, dale que dale, toma que toma. Dame un cariño cara de arroz, que en viniendo de un pié valenciano sabe á gloria aunque sea una coz. Agua á fé mia *,.

se Iiace mi lengua, dirán que es mengua de mi blasón, mas en viendo muchachas bonitas,

es singular, divirtiéndome estoy como un simple

particular. En teniendo muchachas bonitas,

es singular, se divierte el señor como un simple particular.

ESCENA II.

Dichos y el Notario,

Conde. El escribano ha llegado, por lo tanto, cada cual puede hacer lo que le plaz ca si no le place escuchar foja por foja, esa especie de proceso criminal. (Tase el coro por el fondo.)

-38-

Yo á fuer de padrino, tengo

que irme con el novio ; Blas,

¿qué diablos. estás mirando? Blas. Miraba... qué guapa está,

¿no es verdad? Conde. Si, lioriibre, si, valiios.

(¡Pobrecillo!) Blas. Qué rica... ¡Ay!

Conde. ¿Qué te ha dado? Blas. Señor conde, •

es un ex-abruto Conde. ¡Ya!

Blas. Al pensar que dentro un rato

va á ser mia en el altar

y en la calle, y en mi casa,

y en mi... Conde. Vamos perillán,

que hoy estás echando cíiispas. Blas. Y que nadie podrá osar

á mirármela siquiera. . .

Conde. ¿No tardes , eh? Blas. • Voy allá.

Conde. (Me liacen feliz esos tipos

que no sospechan jamás,

ni se les ocurre nunca

el ridículo en que están.) {Váse el conde por el pabellón con el escribano.)

ESCENA MI.

Blas, María.

María.

¿Te quedas?

Blas.

Solo un momento.

No me regañas, ¿verdad?

María.

Yo, ¿por qué?

Blas.

El deseo mió

es cosa muy natural,

voy á casarme, y quisiera

ser novio un instante mas;

luego en siendo uno marido

— 39 -

se hace uno mas material y se pierden las ideas, la facilidad y la... y te digo, ó lirio ó rosa, clavel, jazmin, tulipán, reina de todas las flores que hueles mejor y mas que las que par comprarte alf:;o te suelen á tí comprar. Mañana serás, Maruja, una flor injerta en Blas, y Blas la e.spina que punce la mano que toque audaz la rosa que él trasplantó (iosde el jardin á su hogar: Blas trasplanta y echa plantas á quien quiera suplantar lo que en su plarrtel plantea con planta de plomo...'

Conde. {Desde dentro.) ¡Blas!

Blas. ¡Ahora que estaba inspirado!

siempre me sucede igual. (Váse.)

. ESCENA IV.

• María, tj luego el Marques .

María. ¡Pobre Blas! Al corázori

"nD se le puede mandar,. . . . que á poder mandar el'mic . debiera quererle mas.

• ¿Por qué por otro .redoblas . ■ • Ju. latido desigual,

■.; .; .'• '• 7 á Bías, que fánto te' quiere, •. ' •■■ .'•-'.■" solo un latido le das? ';'":.■,•■' ■'^. ,■ ■■■-"' "vPor ingrato^ corazón, -. ■.'•; ■ debiera' quererte m'at, y yo he de hacer queie; doi^3 , ihi fuerza de voluntad'. .'•■>^ .. .{Entra el Marq^iés v&co á'.pocQ.\ Siento una inquietud, Dios, niiío', que lio puedo dominar...

— 40 —

Es él... ¡Ahile presentías... Te domaré á tu pesar.) Señor. Marq. Dulce hermana mía,

ya ves que vengo á tu boda: Dios te dé la dicha toda que tú mereces, Maria. Desde la calle escuché esa algazara jovial, é hice al püsar este umbral un sacrificio. Maria. ¿Por qué?

Marq. ¿No sabes que el alma trunca mirar amantes festejos á quien los ve tan de lejos que no ha de alcanzarlos nunca? Maiua. Quizá algún dia... Marq. Maria,

nadie vence á su destino, y en mi lóbrego camino nunca lucirá ese dia. María. ¿Por qué no? Cuando oseaseis. Marq. Eso es imposible. María. Nu...

Señor, ¿no me caso yo? Marq. Es distinto. MARfA. Ya veréis.

Cuando una mujer á vos se una en ese lazo estrecho, que bendice vuestro pecho y luego bendice Dios; cuando amantes vientos vienen. á- acaricia^" vuestras almas, que cual cariñosas palmas, una en otra sa sostienen; cuando en la vida, los dos piséis por la misma huella, y vos viváis para ella ' y ella viva para vos; cuando es tan pura verdad la verdad de vuestro amor, que á ella le deis vuestro honor

— 41 —

y ella á vos su libertad;

es porque vuestra existencia

la esencia del amor ama,

y hasta el aire se embalsama

con su enamorada esencia.

Y ese incógnito perfume

que el corazón embriaga,

esa luz que no se apaga

y ni abrasa ni consume,

es cuanta dicha soñó

el alma dormida, es...

Casaos, señor marqués,

¿no veis que me caso yo? Marq, No me hables asi, Maria, »

que rae entristeces el alma.

¿Dónde encontraré la palma '■

en que se apoye la mia?

Desierto al dolor abierto,

es la vida sin amor...

¿Cómo encontrar una flo r

en la arena de un desierto?

Mas no venga mi tristeza

á interrumpir en tal dia,

la enamorada alegría

de tu candida pureza.

Tú eres pobre, y yo... María. Por Dios,

ya me dota la condesa. Map.q. (Ah) ¿Y bien, qué falla es esa?

Te dotaremos los dos.

Yo represento á tu padre,

y no me darás la pena

de rehusar: esta cadena,

Maria, fué de mi madre. .

De amuleto salvador,

me ha servido desde niño, no puedo de mi cariño

darte una prueba mayor. (Se la pone.)

Quizás para no tornar parta... ¿Tú lloras, Maria? María. Si, si, lloro de alegría, señor, dejadme llorar.

— 42 —

Marq. ¿y quién es el novio? María. Es

un honrado meneítral

peinero. Marq. ¡Cómo! Haces mal

en casarte con él, María. ¿Pues?

Marq. La educación que has tenido

puede elevarte á otra esfera. María. Yo soy una jardinera,

y Blas será mi marido.

Olra ventura no espero

en mi pobre y triste estado,

siendo hija de un soldado

seré mujer de un peinero. Marq. No ofenderás al que tú amas

dándome tus brazos castos. {La abraza.)

ESCENA y.

DjcHOS, el Conde.

Conde, ¡.lli! que están aqui. j '-anastos! (Ap.)

Pues no se andan por las ramas. María. Gracias. Conde. (Le da gracias, pues,

apuesto cualquier dinero,

á que no encuentra el peinero

un peine como el marqués .

Pero puede venir gente,

y si los hallanasi...

ahora me toca á mí. .

toser, y hacerme el prudente.) ' .

¡Ejen!> - .; , ^ ' ■ •■ •

María. \khl{VoLviendó.lacarCk'.) ■

Conde. ■' ¿Estás ocupada?

María. No, señor, iba á ir al punto... Conde. Bien, bien, si yo no pregunto, . .

yo nunca pregunto nada. .

(yáseMariaalpabelíon.)

— 43 —

ESCENA VL

Conde y Marqués.

Conde.

Habéis nacido de pié,

marqués, pero vive Dios,

que he de habérmelas con vos.

Marq.

¿Conmigo? {Sorprendido.)

€0!NDE.

Con vos.

MA.RQ.

¿Por qué?

Conde.

¿A qué habéis venido aqui?

Hablad claro y sin rodeo.

Marq.

Tan solo... por el deseo

de visitaros.

Conde.

¿A mí?

Marqués, ¿por quién me tomáis?

Marq.

Conde, os protesto...

Conde.

• . No es cierto.

no os pongáis serio, os advierto

que á mí no me la pegáis. .

Marq.

(¡Dios mío, sospecharía!)

Conde.

No tenéis respeto á nada.

Cuando aun no está casada. .. •

Marq.

¿Quién, señor conde?

Conde.

María.

¿No merecierais, bribón,

que os moviese una querella ,

después que anoche por ella

me asaltasteis el balcón?

Marq.

(¡Ab!) . . , -;.^

Conde.

Por fortuna, el camueso ■

de su novio, no cayó

en la cuenta, pero yo

tengo un ojo para eso...

Marq.

Hacedme, conde, el favor,

si es que me juzgáis honrado,

de creer que no he soñado

en atentar á su honor.

Conde.

¡Si al tenerla ahora abrazada

- 44 —

Marq.

Conde.

Marq. Conde.

Marq. Conde.

Marq.

os sorprende Blas de pronto!.. A bien que Blas es im tonto, y un tonto nunca ve nada. Juro cien veceb y cien que solo un cariño puro me une á ella, os lo juro. Bien hombre, bien, está bien. Después que he hecho por vos el papel mas triste.

¿Qué? • Me parece que no fué inoportuna mi los? Es una chica muy guapa, pero está seria conmigo, mas con vos...

Pero hombre...

Os diar»

que á mí nada se me escapa. Soberbia cadena de oro le habéis dado... bien valdría.-. • Si vale, pero Maria estima en mas su decoro, y este lo conserva ileso, y alto respeto me impone. Conde. ¡Se supone, se supone! {Irónico.} ¡Qué á iní rae salgáis con eso! Pondré en mis labios un broche, mas ya podéis calcular

que yo no puedo olvidar

lo de anoche...

(¡Lo de anoche!)

Porque en esta acusación

deponen cual prueba plena,

el abrazo, la cadena,

y el bajar por el balcón.

El caso es, voto al demonio,

que por no reflexionar,

pudisteis ayer turbar

la paz de mi matrimonio.

A estar mi mujer despierta

ayer, todo se complica,

de su cuarto al de la chica

Marq. Conde

- 45 -

no media mas que una puerta, y si os llega á sorprender á su lado derretido, «Que amigos tienes, marido.» me diria mi mujer.

iMarq. (¡Dios mió, que situación!) Conde, amigo mió, espero que vos como caballero tendréis...

CoMDE. Mucha discreción.

Marq. Por Dios que no me arrepienta...

Conde. Si yo nunca me propaso.

(Pero asi que llegue el caso trabajaré por mi cuenta.)

Marq. Ved que yo soy el sosten de esa joven...

Conde. Y bien ducho.

Marq. Y quiero á Maria rnucho.

Conde. Muchísimo, y yo también. Aqui viene, de algo mas tendréis que tratar, no es esto, duro en ella, os cedo el puesto, voy á entretener á Blas. Firme, marqués, á la brecha, puesto que también os tratan. Blas no es de los que se matan por una leve sospecha como nosotros. Pues son ■ tan blandos como los veis, á ver como dejareis bieri sentado el pabellón. Mas de lo que hago por vos no hace un padre, hasta íespues. Adiós, niña, adiós, marqués, ya sabéis que tengo tos. (Váse.)

- 46

ESCENA Vil-

■ Marques y María.

Mari A.

Señor. ' .

Marq.

, Niña, huye de mí,

liaz cuenta que no me ves.

María.

¿Qué he hecha, señor- marqués.

. para que me habléis iasl?

Vos rae colmabais ha poco

dé bondades' con exceso.

si ahora os pesa.

Marq.

No, no es eso^

periiónanie, que estoy toco.

¿Dónde fuiste? '

María.

Desde acá

fuí.á ver á mi protectora.

Mjirq.

¿Y vienes de verla ahora?

María.

¡Si vierais que mala está

y cuánto ha empeorado!

Para distraer su pena

le he enseñado la cadena,

que vos rae habéis regalado.

¡Le ha gustado tanto!

Marq.

¿Si?

María.

Dice que me va muy bien,

y le he contado también .

qué vos estabais aqui

para ver mi casamiento..

"Marq.

¿Y ella no asistirá?

María.

No; • •

: •• ■

pero asi que lo escuchó ,

. se' ha levantado al momento,

y entre el llanto y la zozobra,

■ tomando pluma y papel,

rae ha dicho: cuento con él

para hacer una buena obra.

Dale .esta.esquela. {$e h dá.)

Marq.

• ■',. ■• ' Es;asi. ■'

María'.

¡Qué bien vuestra alma conoce!

Me. ha encargado que á las doce

■'.••'■ -^ 47 - .

me deis la respuesta, á niL Marq. «Osasteis ayer venir {Leyendo aparte.) ..

«contra mi expreso mandato/ . • . • '

«Decidme, Ernesto insensato, «¿cómo pudisteis salir? ■ ''• • ...

»EiT tan negra confusión - .

. •,-■ -"«no^ encuentro quien me responda*. '' ; ,• ..-■■'

■))¿á quién arrestóla rondan . • •"•:-■*■. ■ :.

))cuando gritaba «al ladrón?» ■ •. .•"

«Contestadme, y después dé, esto .■./-,. '.

. «liaced.que no ós vuelva á ver, . ■ .•, .'• '," " ■ .»Es preciso, y ha de serii

))no os alucinéis, Eriiesto. " 'p

«Faltará ala ílór esmalte, ! ': , •.^'

«y á la aurora el arrebol' ' ', '!:'; '..f ¿yíi.vi'/*-? ,'.'•. ,/ .»y la clara luz al sol •■''"■;'■ ■-.■::'...'■■■•

,. . «anles que á mi honor yo falte, . V'"'-/f:.

«En mi iionor y en mi-recáto ' •' '.\' ,.... . '■ • ,

«mi triste vida se escuda.- ., -' . ■ ,, .•'•'■.■'■•■.■■.•,,

• ^ i)si los empaña una duda, ' l'<;. •■.■.'.\ ';■:'••.'■ ;,

«me malo^ Ernesto, me raator • ,.\v)'.i/,^' ■,•- ■."' •' "" (¡Morir, y morir por mí!) • • ■ ■■.ti¡,rf>V;. ., \v • Matua. ¿Qué respondo á la señora? , ••■. ," '.;;," '-.'.•*' •: '

Marq. Voy 4 hacer su encargo ahora; ■ .■ . • .;. ', ■'.'•:./ ..; á las, doce estaré aqui. - .'■.="''.. ■ ; • "' . '

.■/■■■•'.' ■■•'•■ESCENA ysií. ■ ■•;\...V ••■*-:.:.<■

Ukri\\' elCoiit}Ety.Bui'¡ M pabellón ,. .* • ; .••''':'

X'nÑDE. •' ¿Ves;" ho'nabreiCÓmpésIá serla?' ; .....'■, •

¿ves como 'eres suspicaz? ;'.'■'; -^ .. ■ - .; . ; .- ;.. B;.As. ■. -¿Pues para qué ese empeño. .•},. i-.; ■ •*' " " ■'■,•.

en nod'ejarme llegar? ' / V' .'.,;'r..:; ... ■'.•''.'■■ •'

, "■ Yo quiero ser una oblea •,•'.'■' , ' •' •

• . para.pegarmeá ella^ ¿estáis?;

,. .. Un marido no. se debe ■, -, \;

separar de su mitad. . '.' ..■•f/- ' .■ ■ ^ tlo.NDE. Pues, hombre, yode la mja*"': ''■.«./,.■,.;

bien ves' que me aparto. . ," ■ . r •'.;„-> ?t .5 . . BtAS. . / ■- ¡X^- . ' ■

Vos Veis, Ips .cosas. dé. un rao'dov...

— 48 —

Conde. Blas. María. Blas,

Conde.

Blas.

Conde.

Blas.

María.

Conde.

Blas.

Conde.

Mari A.

Blas.

Conde.

María.

Blas.

Conde.

Blas.

■)

Y lú de otro. (¡Pobre Blas !) ¡Maria!

¿Oué?

Marujillá. (¡Qué ínelaucúlica está! Esto no es de buen agüero: ¿á que me .se vuelve atrás y me quedo yo compuesto y sin novia... voto á san?.. Arriba espera el notario:" anda, que éi te leerá . los capítulos.. • •

Los doy por oidos, bien están. Hombre, yo tengo á Maria que bablarla en particular. ¡Por vida de los demonios! . Mariquita, veíi acá: ¿qué pueden decirte. á tí que yo no pueda escuchar? Que yo sepa, nada. ' ■.

¡Hombre,- que seas tan montaraz! ■ Mil cosas que mi mujer me ha encargado, y de pé á pá, en nombre de la madrina, diré yo á la novia, ¿estás? Hazte cargo de que ahora soy mi mujer.

(Ojalá. Ella es buena; pero á él le tengo un miedo cerval.) ¿Todavía refunfuñas, celoso de Barrabás? ¿No tienes coníianza en mí? Siiii... •

Pues no faltaba mas. Entonces ¿qué temes?

Nada. Vé pues.

Ya voy (á escuchar). {Se oculta en el pabellón.)-

— 49 —

C.ixDE. (Pues novio y galán se fueron, suplantemos al galán: esta va de pillo á pillo.)

María. Ya estamos solos, hablad.

CANTO.

Co^DE. Puesto que en vísperas te hallas del tálamo, niña gentil, te diré el rumbo en breve plática

que has de seguir. . .

María. Con grato júbilo al señor conde

escucharé. Blas. Y yo atentísimo veré por dónde

resuella él. Conde. A tu marido al dar tu mano

debes amar. María. Tal es mi idea. Blas. Principio sano,

no hay que objetar. Conde. Y á los que amigos son de tu esposo,

después también. •

Blas. Esto segundo ya es sospechoso,

ya no va bien. María. Solo al marido amar es dado

y á él no mas. Blas. ¡Bravo, bravísimo, bien contestado.

Díjolo Blas. Conde. De tu amor en pos.

Hiña, va un marqués* donde caben dos pueden caber tres. Parte solicito en tu corazón; guárdame un cachito en la parlicion. Blas. Hablan ya de dos,

escuchemos pues, que esto ¡vive Dios! tiene ya interés. ¡En qué turbios charcos

- 50 —

hoga mi opinión! líbreme san Marcos de tribulación. María. De mi amor en pos

no hay ningún marqués. Si no caben dos, mucho menos tres. Y si no es mas que esa vuestra pretensión, diré á la condesa cuál es su opinión. Esas chanzas poco gratas por ser vuestras las sufií. CoiNrtE. De negarme en vano tratas,

niña mia, lo que vi. María. ¿Qué habéis visto? CoMDK. Que hace poco

á sus anchas te abrazó. Bla5>. ¡Cuerno!

Conde. Y sé que de amor loco

en tu cuarto anoche entró. María. Vil calumnia. Blas. Yo estoy malo.

¡Santo Cristo, y qué sudor! Conde. Y esa joya es un regalo

del bizano seductor. MvRiA. Eso es falso. Bi.As. Malo es esto.

Conde. Te repito que lo vi,

y que anoche yo hablé á Ernesto al salir de verle á lí. Blas. De Ernesto iiablan, ;ay de mí! Maiua. Deshaced, por vuestra vida, tan ciego erro/, yo de Blas soy prometida y soy su amor. Nací, señor, honrada, sabré mi fé guardar, llevará la desposada su honra limpia ante el altar. CoNDF. Pnr Cristo, que insisto;

lo he visto y tres mas.

Blas.

— 51 -

Hay riesgo inminente, delente buen Blas.

HABLADO.

CojiDE. Si él mismo me confesó...

Mahia. ¿Qué decís?

Co.NDE. Y no te asoinbre.

¿A qué negárselo á un hombre

tan discrelo como yoV María. Conde, abusáis demasiado

de vuestra lengua atrevida. Conde. (No he visto en toda mi vida

un negar mas aplomado).

ESCENA ÍX.

.AlH/lé

Dichos, Teresa y Coro c¿e paisanos, Blas baja ale- lado.

Ter. María, Blas, pronto, pronto,

que el cura espera. ¿Qué tienes? {A Blas.)

Jesús que mudado vienes,

¿Qué es eso, te has vuelto tonto? Blas. Creo que sí. María. ¿Vamos? (A Blas.)

Blas. ¿Eh?

¿Adonde? María. A la iglesia.

Blas. Paso.

Maria. ¿Qué es es tu? Blas. Que no me caso.

María. ¿Que no te casas? ¿Por qué? Blas. Porque me entró una cuartana

y un frío de Barrabás,

y ya no me llamo Blas. María. ¿Qué dices? Blas. Me llamo andana.

María. ¿Te atreverás á dudar

de mí honor inmaculado? Conde. (Casi me ha puesto en cuidado

su manera de negar.) Blas. Escuché y todo se oyó,

¿entiendes? María. ¿Qué?

Conde. (Ahora lo entiendo,

es que el otro estaba oyendo.

¡Toma! Bien docia yo.) Mahia. ¡y ;d ir contigo al altnr,

me haces tú á mí tal afrenta! Blas. Maria, hay aqui una cuenta

que es necesario aclarar.

Ya ves, que á mí no me halaga

el meterme en una secta

donde encuentre una indirecta

encada peine que yo haga.

¿Y uno es receloso, estíís?

Y uno escucha ciertas frases. Marl\. Dilas.

Ter. {Al oido de Blas.) Antes no te cases, mira bien lo que haces, Blas.

Blas. Luego eso sale á la cara y da mucho que entender.

Conde. (¿Quién habia de creer

que ese imbécil escuchara?)

María. A tu cariño perdono,

Blas, la ofensa que me has hecho,

porque creo que tu pecho

te habla muy alto en mi abono.

Mas si llegase á ser tal

la desgracia que me acecha,

que pueda mas tu sospecha

que mi alma pura y leal,

pronto Ernesto va á venir,

y oirás en su acento honrado

Ja noble voz de un soldado

que es incapaz de mentir.

Y al alejar de improviso

la sospecha que en tí labra, recogerás la palabra si te pesa el compromiso. Blas. (¿A que me va á convencer de que vf> no oigo ni veo?

- 53 -

¡Y el caso es que yo la creo!) Conde. (¡Lo que sabe una mujer!) María. ¿Qué respondes? Blas. ¡Qué se yo!

Ter. Esas son marrullerías. (A Blas.) María. Ya en mi palabra no fias . Blas. Mucho.

Conde. Ya le convenció.

María. ¿No ves en la frente mia

la inocencia que me escuda?

Ernesto viene, sin duda

es el cielo quien lo envia.

FINA!. BIUSIGO.

Dichos y Marques.

María. Ernesto, hermano mió, venid y hablad por Dios, con torpes imposturas se ultraja aquí mi honor.

Map.q. ¿Quién es el atrevido

que ofende tu opinión?

María. El conde es quien lo dijo y Blas lo repitió, que vos me deshonrasteis, que vos mi amante sois.

Marq. ¿Vos, conde?

Conde. {Bajo r.l marqués.) Se lo dije hablando aqui los dos, y el novio, que es un bruto, oculto lo escuchó.

Blas, Yo solo he repetido

lo que escuché al señor.

ií,í/i

María. Vos que el decoro del alma mia desde la infancia recordareis, con vuestro acento tal villanía á fuer de hermano desvaneced.

Marq. Al noble aliento de mi hidalguía no e n vano, niña, pides sosten.

— 54 —

Si á lu inocencia, pobre Maria, le falta amparo, yo lo seré.

Conde. Vaga sospecha, negra y sombría, me viene el alma á oscurecer; si su visita no fué á Maria, ¡viven los cielos! él dirá á quién.

Blas. Vaga entre dudas el alma mia: ¿á quién al cabo debo creer? ¿cómo es posible que esa Maria siendo tan bella falte á su fé?

Ter. Quedas lucido, Blas, á fé mia, si en su inocencia vas á creer: todo eso es pura marrulieria; verás qué bueno te va á poner.

Cono. Tan negra infamia, tal villanía no es capaz ella de cometer. Es imposible, pobre Maria, que su alma encierre tanta doblez.

Marq. Delante el mundo entero

declaro por mi honor;, que á esa pobre niña el conde calumnió. Conde. (¡Qué escucho! ¡luego entonces! .) Pues diga, vive Dios, ¿á quién de ver salisteis á guisa de ladrón, mancebo, cuando anoche mi ronda os arrestó? Marq. Señores, tal pregunta...

Conde. En ella va mi honor .

{En este momenio se abre la ventana con celosía del pabellón y el público verá aso- mar por bajo de la celosía la punta de una manteleta, que supone haber detras una mujer.) Marq. (¡Qué miro! ¡Cielos, ella! ) Conde. Decidlo, ¡vive Dios! María. Hablad en mi defensa. Marq. (Qué horrible situación.) Coro. Hablad, señor, decidlo.

— DD —

Marq. (Vacila, cae...) ¡Oh!

Todos. Hablad.

Makq. ¡De verá esta!

Map.ia. ¡Ah! (Cae sin sentido.)

Marq ¡Perdón, gran Dios, perdón!

CosDE. Un vértigo insensato

la vista ine cegó. Coro. Que vaya en mal hora,

que expié la infiel su negra perfidia, su torpe doblez. La tierra á sus plantas espinas le dé, y el pan que comiere se vuelva de hiél. Marq. (Perdona, Dios mió, si al ver la que quiero obré con la infamia de un mal caballero, si al ver moribundo al ángel que amé , - mis nobles blasones yo mismo pisé.

Primero que su bonra yo cubra de duelo, que escupan mi rostro la tierra y el cielo. Si aqui desesperado sin honra vivo ya, la fosa del soldado

la guerra me dará.) .^iui'i\

Conde. La causa del escándalo

quisiera remediar, pórteme como un vándalo, me duele su pesar. Coro-. No debe hallar la pérfida no debe hallar piedad, en duelo eterno y lágrimas expié su maldad.

FIN DEL ACTO SEGUNDO .

ACTO TEBCERO

El lealro representa eljardin ó huerto de Teresa. Pe- queño cuerpo de casa saliente, con ventana al pú- blico á piso llano, y puerta á la escena.

ESCENA PRIMERA.

Coro de jardineros y jardineras.

HoMB. No liá lugar á dudas,

díjolo el marqués,

y cuando él lo dice

bien lo ha de saber. Muj. Pues decimos todas,

que no'puede ser.

Nunca en casa entró,

nunca se le vio,

ha llegado acá

poco tiempo há,

ni ella asi faltó,

ni se rinde asi. HoMB. Opto por el sí.

Muj. Opto por el no.

Ni al ir á vender

la ha venido á ver,

ni al ir á comprar

la ha venido á hablar.

— 57 —

Ella le trató siendo niña asi. ~

HoMB. Opto por el sí.

Muj. Opto por el no.

Cuando uno intenta tener amores comienza siempre comprando flores, nos llaman dulces y encantadoras y á todas i]oras nos va detrás: y entonces una, si es compasiva, á sus miradas no se hace esquiva se hace un esfuerzo, según él obre para que el pobre no sufra mas.

HoMB. , Y al darle flores, si es guapo y rico, le dais por pico alguna mas. Podéis ir todas, con Barrabás.

Muj. El otro al menos es muy galante, - da gusto el verle tan arrogante, y Blas, un tonto de capirote, tan brusco y zote, y asi, tan Blas. Y entre dos mozos, uno tan guapo y el otro feo como un guiñapo, dirá cualquiera, puesta en el potro, que vale el otro mil veces mas.

HoMB. Siempre que sea cambiar de amante, lo hacéis vosotras á cada instante; no hay quien os gane á caprichosas, pues veleidosas sois por demás. Con un regalo, con cualquier trapo os pone blandas un mozo guapo, . , y á Blas y á lodos dejais sin bodas, podéis ir todas con Barrabás. [Se van riñendo.)

ESCENA fl.

Blas, Teresa.

Blas. Hija, me vas persiguiendo, eres mi genio del mal: subo la escalera, subes,

bajo, te vienes detras.

¿Te has empeñado en que rabie? Ter, Ño, le quiero consolar. Blas. Pues tienes unos consuelos... Tkr. Si te amarga la verdad... Blas. Bien, pues no deben decirse

verdades que saben á...

mas vale callar. Es cierto

que yo be sido un animal,

pero si tiene unos ojos,

y es tan bonita y tan... tan...

Anda, ya toco el tambor,

vamos, si estoy incapaz. Tea. El caso es, que eso nos trae

un descrédito moral;

al fin esta es una casa

de comercio... y... Blas. Claro está:

pero no de ese comercio. Ter. Tú la debes despreciar

y no hacerla ningún caso,

y en cuanto ella vuelva acá

escápate como un ciervo. Blas. No mientes ese animal,

todas las comparaciones

son odiosas. Ter. ¡Pobre Blas

si no te vengas! Blas. ¡Canastos!

sí que me voy á vengar. Ter. Si no, vas á ser ia fábula

del barrio y de la ciudad. Blas. Luego, soy cabo segundo...

mi posición oficial...

estoy por casarme. Ter. Eso, eso,

¡y qué envidia le dará! Blas. ¿Verdad que le dará envidia?

¿Y si me vuelve á pasar? Ter. Busca una mujer prudente,

que tenga formalidad. Blas. ¿Y dónde está la que tenga

— 59 —

todo eso? Ter. ¡Toma! mil hay.

Mira que ella fué educada

como hija de un general,

y asi que fueras su esposo,

te iria á domesticar. Blas. Eso es lo que ya iba haciendo. Ter. Lo que le conviene, Blas,

sobre todo, es una esposa

sin educación. Blas. Cabal.

¿Quieres casarte conmigo? ^ .,j,jii

Tr.R. ¡Ay! Deja que piense. ,'. ' . '

Blas. ¡Quiá!

Si no me dices que si, ;,., salgo calle arriba y zas, aoiaK

■' me caso con la primera ■:

■ v ^. que quiera matrimoniar. ,•

Y no ha de faltar alguna, , ,

que en esta tierra las hay ^ ■ para surtir media España,

sin contar las que se van.

Si quieres, toca. (Alargándole la lyiano.) Ter, Si toco.

Vente, vente: Blas. ¿Qué te da? ] '

Ter. No vuelvas ia cara alli. Blas. ¿Por qué? ¡Ah! (Fo/uié^idoía.) Ter. - Ya dijo jah!

ESCENA lllo

Dichos, y María.

\ Te?.. ¿a qué vienes aqui mas

después de mi orden expresa? María. Blas, haz que calle Teresa: :í

vengo á hablar contigo, Blas. /] ' .saT

Blas. Después de un trueno tan gordo, ;í?

no has de extrañar mi despego. María. Mírame.

— 60 —

Blas. Me he vuelto ciego.

María, óyeme.

Blas. Me he vuelto sordo.

Marl\. Por mas que estén ofendidos,

es en los hombres deber

no negará la mujer

Jos ojos, ni los oidos.

Si no calmo tus enojos,

si no te convenzo, Blas, • juro no molestar mas

tus oidos, ni tus ojos. Blas. ¿Qué rae podrás tú decir

que baste á calmar mi enfado,

después que habló aquel soldado,

que es incapaz de mentir? María. Pues mintió sin compasión,

y yo me atrevo á esperar

que mi inocencia lia de hallar

un eco en tu corazón.

¿No sabes que si manchara

ni aun con la idea tu honor,

no tendria yo valor

para mirarte á la cara?

Tu alma te lo dice asi,

y cree, Blas, que no yerra,

por mas que el cielo y la tierra

se vuelvan hoy contra mí.

Tu puedes darme el honor

dando á mi palabra fé,

y yo te consagraré

toda una vida de amor. Blas. Después de lo sucedido... María. ¿No me crees? ¿Tienes miedo?

Por Dios, B'as. Bus. Hija, no puedo,

yo ya estoy comprometido,

y á otra mujer ofrecí

de mi cariño el tributo. Ter. No te ablandes, no seas bruto. {Ap. á Blas.) Blas. Que es muy amable, eso si. Ter. Cierto; y es temeridad

venir á rosarle ahora...

— 61 —

María. Basta de insultos, señora,

recobro mi dignidad.

Su palabra recobrando

salvaba mi honra perdida,

y porque mi honra es mi vida

pedí mi vida llorando. Blas. (i'^y» ¡ly» ^^^ llora hilo á hilo!)

Hija, entremos en razón. Ter, No la creas, esas son

lágrimas de cocodrilo. María. ¿Será cierto que los dos

me escucháis? Ter. Si, con desden,

y te echamos de aqui. María. Bien,

en todas partes hay Dios. Ter. y á tu padre he de escribir

cuanto aqui pasó. María. Señora,

matad á mi padre ahora,

yo nada puedo decir.

¡Pobre viejo! Si su honor

nunca ha de ver á cubierto, ¿qué vale la vida? Muerto

estará mucho mejor. Ter. Vamonos, Blas. Blas. ¡y yo oí

todo esto con rostro enjuto!... soy muy héroe, ó soy muy bruto. Ter. Blas, tú eres digno de mí. {Tomándole del brazo.)

ESCENA IV.

María.

Si en los umbrales donde la vida empieza á todos á sonreír, mi pie lastiman tantas espinas, ¡pobre alma mía, cómo seguir! Si en vano imploro, ¡ly mísera!

~ 62 —

piedad eu derredor,

si en vano exliala súplicas

rasgado el corazón,

volad al cielo, lágrimas

á que os enjugue Dios.

Hasta el ingrato á quien el alma

su fé primera le consagró,

pagó el cariño de nuestra infancia

con la mentira y el desliDUor.

De cielo y tierra, ¡ay mísera!

abandonada estoy,

en un inmenso páramo

mi vida se trocó.

Volad al cielo, lágrimas,

á que os enjugue Dios.

ESCENA V.

María, Marques.

Mari\, ¡Él! {Va á marcharse.) Makq. Maria.

María. Huyo de vos.

Mauq. y yo á buscarte venia.

Óyeme por Dios, Maria,

oye por amor de Dios. María. ¿Qué tengo ya mas que oir

ni qué tengo mas que ver,

si mi dicha os vi romper,

si os he escuchado mentir? Marq. Maria, por compasión. María. ¿Qué os hice ¡me vuelvo loca!

para que de vuestra boca

saliese mi perdición?

¿Qué demonio hay que os inspira

el miserable deseo

de conquistar un trofeo

á ci/sta de una mentira?

¿De qué sirve á vuestros pies

hecho pedazos mi hcnor?

Para tan fiero rigor,

¿qué os hice, señor marqués?

- 63 -

Si no os basta el haberme hecho tanto mal, si ver mi llanto os halaga tanto y tanto, vedle, ya estáis satisfecho.

Marq. ¡Oh! si mi sangre pudiera tu triste llanto enjugar, por no mirarte llorar toda mi sangre vertiera. Tú no sabes el tormento en que mi pecho batalla, aunque tú calles, no calla V en mi alma el remordimiento. Yo no tengo techo amigo, que tan desdichado soy, que donde quiera que voy va la desdicha conmigo. Tú, pobre niña, perdida, eres la blanca azucena que brotó en la seca arena del desierto de mi vida, y por lo mismo ¡ay de mí! por lo mismo hizo el destino que te hallase en mi camino, y te pisé y te perdi: alzó un muro entre los dos mi infamia, yo lo confieso; quiero morir, y por eso te doy el último adiós.

MutiA. (¡Morir!) ¿Qué decis, señor?

Maüq. Al irme al rey á servir podré con honor morir.

Maiua. ¿y yo vivir sin honor?

iMauq. Adiós, toma. {Le da un pliego.)

Mai'.ia. ¡Oh Dios! yo muero.

{Lo abre y lee para sí.)

M\KQ. Alaria, por Dios, Maria...

Maiüa. ¡Tal insulto! ¿Todavía

no fué bastante el primero? Me hacéis una dr.nacion para pagar la honra mia, cual si fuese mercancía que se vende en un pregón.

— 64 —

Es iuútil ese emperio:

me la pudisteis roijar,

mas no la podéis comprar,

que no la vende su dueño.

Marq.

No me abrume tu desprecio.

María.

Cuando vuelva deshonrada

de mi padre á la morada

queréis que le lleve el precio:

pues bien, sola, abandonada,

y pobre y escarneciila,

ni nací para vendida

ni sirvo para comprada.

(Lo arroja con desprecio.)

Mauq.

Está bien, cuando yo muera...

María.

(¡Morir, otra vez morir!)

Marq.

x\ada tengo que añadir

á mi voluntad postrera.

Adiós, María.

María.

¿Os marcháis?

Marq.

Mi destino se cumplió.

Adiós para siempre.

María.

No,

yo no quiero que muráis,

y vos no querréis partir

sin volverme la honra mia.

Marq.

Hay un secreto, Maria,

que no te puedo decir.

María.

¿Y asi mi hermano responde?

Marq.

Maria, yo te prometo...

MaR!A.

¿Posponéis mi honra á un secreto?

Makq.

Pues bien, sabe...

María.

Hablad.

{En este momento entra el conde.)

Marq.

¡El Conde!

(¡Y yo iba á venderlo ya!)

Conde.

Otra vez juntos los dos.

María.

Continuad.

Marq.

No puedo, adiós. (Váse.)

Conde.

(¡Y qué encaprichado está!)

I

— 65 —

ESCENA VI.

María, el Conde.

Conde. ¡Se marchó sin saludar!

¡Voto vá!... tiene razoD,

mi nmklita indiscreción

es la que ha dado lugar.

¿También tú vuelves la cara?

Oye, muchacha, Maria,

hija, yo no presumia

que nadie nos escuchara.

Yo no creí que el peinero

tuviese malicia... ni...

VamoH, le miraba asi...

como á un animal casero. María. Ese lenguaje atrevido... -€oNDE. Chica, no he dicho una coma

que pueda ofenderte. ¡Ah! toma

esto que se te ha caido. „. ¡Cáspita! una donación

de todos sus bienes: ¿ves?

eso me gusta, el marqués

tiene muy buen corazón.

Le has dado en medio del ojo,

y esto toma ya buen giro. María. Señor conde, lo que tiro

una vez, nojo recojo. Conde. ¿Qué, has tirado eso? María. Si tal.

Conde. ¿Sabiendo lo que era? María. Si.

Conde. Tú te entenderás: á mí

me parece que haces mal. María. Soy sobrado delicada

para llegar á ese punto. Conde. Bien, hija, yo no pregunto,

yo nunca pregunto nada.

Esa es siempre mi estrategia:

pero en lo que al marqués hace,

orco que te satisface

5

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-- 66

Maru. Conde.

Mabia. Conde.

María. Conde.

María.

Conde.

Map.iA. Conde.

María.

Conde.

María. Conde. María. Conde.

y de una manera regia, premiando asi á la que adora... Señor conde, el marqués miente. Soy inocente.

¿Inocente? (¿Habrá quien escuciie ahora?) Por si nos pueden oir, bajo la voz.

¿Qué me importa? Si á la larga ó á la corta se había de descubrir. ¿Crees que murmuración á su gusto no tuvieron los que, como yo, le vieron al bajar de mi balcón? ¿Del vuestro?

Del mió, si, y alli á diez pasos su coche. ¿Pues no sabéis que esta noche, señor, no he dormido alli? (Pawsa.) ¿Me quieres á raí embromar? Chica, ya es grave ese asunto, y yo que nunca pregunto ahora empiezo á preguntar. María...

(¡Gran Dios!)

Ahora te pregunto, y no estés muda. (Ahora recuerdo... ¡Ah! no hay duda, amaba á mi protectora.) Dime, tú lo has de saber, dímelo, ¡voto á mi nombre! ¿conque bajaba aquel hombre del cuarto de mi mujer? (jTengo mi vida en un hilo!) ¿Conque ella le tiene amor?) Tranquilizaos, señor. Si, chica, si estoy tranquilo. Dime: ¿conque fué él allá á introducirse con dolo? ¿conque entonces soy yo solo el que en ridículo está?

- 67 —

¿conque me han hecho servir

de juguete ambos á dos?

Habla, habla, ó ¡vive Dios!.,, María. Señor, no sé qué decir. Conde. ¡Ah! yo le impondré castigo.

(Soca el libro de memorias y escribe rcipi-

damente.)

Marqués , por mal caballero

y falso amigo, os espero

para mataros conmigo.

CANTO.

(Mientras el conde acabado eí'Cribir y cierra la esquela.) María. {Ap.} (¡De Ernesto la existencia se va á arriesgar por mí, por mí, mi bienhechora sin honra va á morir!) Conde. Preciso es que con sangre

se lave tal desliz María. Oidme , señor conde,

por Dios. Conde. No quiero oir. •

(Blas, Teresa y coro desde la ventana.) Coro. ¿Qué es esta baraúnda?

A ver qué pasa aijui. María. ¿Por qué obligar

á una mujer á confesar su poca fé? Conde. ¿Qué dices?

María. Digo...

CoKDE. ¿Acaba, qué?

María, Que yo falté,

que yo obré mal, pero el amor me hizo fallar. Que no lo sepa el aire, callad por Dios, callad! CoKDE' Yo siento aun

— 68 —

frió mortal, con qué valor sabe negar. Mil gracias, y no temas, ni el aire lo sabrá. Blas, Ter. jícoro. Todo se oyó (Desde adentro.) no hay que dudar, ya confesó- que es criminal. Quién hay que al contemplarla creyera tal maldad. Conde. Y yo tan inocente {Rasgando elpapeL

que todo lo creí. Caramba con la niña, si sabe y si es sutil; con todo y ser yo un lince me engaña casi á mí. Blas, Teu. y coro. Sal de aqui, sal, {Saliendo.} mujer engañadora, no puedes ya negar tu infamia ahora; vete á llevar- sin dilación lejos de aqui tu deshonor. María, ¿Hay mas desdichas, cielo tirano, para lanzarlas á una infeliz? si el mundo entero es inhumanc mi sacrificio llegue hasta ti. Ten ¡ay! piedad de nd dolor, doy por entarabos vida y honor. Conde, Su tierna edad

da compasión, lástima .tengo de su dolor. Cono. Vete á llevar

sin dilación, lejos de aqui tu deshonor.

— 69 —

HABLADO.

Ter. Cande.

María. Ter.

Márchate al instante.

Quietos. A ver si nos arreg-lamos. ¡Qué diablos! Todos estamos á una flaqueza sujetos. (La Virgen santa me valga.) Señor conde, no consiento que esté aqui un solo momento.

ESCENA Vil.

Dichos y el Marques.

Marq. Pues yo no quiero que salga. Ter. ¿Cómo?

Conde. Bastí ya de cisma.

Ter. Vos la defendéis, señor,

después que su deshonor

ha confesado ella misma? Marq. ¿Dónde y cuáado?' Ter. ai conde, ahora.

Marq. ¿A vos, señor conde? Conde. Si.

Marq. ¿Tú, María? Maru. Solo asi. {Bajo al marqués.)

salvaba á mi bienhechora.

Nada le quedo á deber,

toda mi deuda he pagado. Marq. También á mime lia enseñado

el camino del deber. Conde. (Esta muchacha le absorbe.) Marq. Mi mano y nombre la doy,

y esta es, señores, desde hoy

la marquesa de Segorbe. María. ¡Yo!.. Conde. ¿Y hacéis el sacrificio

de un enlace desigual? Marq. Con toda el alma. Blas. ¿Eh, qué tal?

— To- le tenia vuelto el juicio.

Conde. Marqués, os pido perdón

de haber dudado un momento por aquel descendimiento de anoche de mi balcón. A no haber dicho ella misraa que fué por ella... cual dijo...

Marq. ¡Eres un ángel! (A Maria.)

Conde. De fijo

hoy nos rompemos la crisma.

Mahu. Ya no le podéis dudar.

Conde. Quise preguntar un poco y á poco me vuelvo loco: ya no vuelvo á preguntar. Torno á mi maña pasada, y doy á mi boca un punto. Señores, ya no pregunto, nunca mas pregunto nada. Vuestro p;idrino he de ser y pago comida y cena; y si está mi mujer buen*, la madrina mi mujpr.

Marq. Merecer tu estimación á fuerza de amor espero.

María. ¿Para qué, si yo te quiero con todu mi corazón? Pregunta al alma, en que estás, si siempre tuya no ha sido.

Blas. (¡Y qué talento he tenido! ¡De buena escapaste, Blas!)

CORO.

Cada uno tiene

su cada una,

y beberemos

á su fortuna:

todos salieron

á cual mejor; con Teresa se casa el peinero y el marqnés con la que era su amoí

FIN DE LA ZARZUELA

— 71 «

CENSURA DE TEATROS DEL REINO.

La censura ha examinado esta zarzuela y no ve inconveniente en su representación. Madrid 10 de Noviembre de 1857.=Fer-

NANDO CGS-GaYON.

CATALOGO

de las obras Dramáticas y Líricas de la Galeria

i cabo de los años mil... iinor de antesala, intes qae te cases... ilarcon. ingela.

fectos de odio y amor, ^rcanos del alma.

mar después de la maerte lI mejor cazador... chaqué qaieren las cosas.

mor es sueño.

chaqués delavejez. i caza de cuervos.

caza de herencias, kmnr, poder y pelucas, (kmar por señas. U pié de la letra.

Bonito viaje.

Roadicea, drama heroico. Batalla de reinas. Berta la flamenca. Bienes mal adquiridos.

Cañizares y Guevara.

Cosas suyas.

Calamidades.

castor y Polux.

"on razón y sin razón.

Crtmo se rompen palabras.

Conspirar con hnena suerte.

Chismes, parientes y amibos.

Con el diablo á cuchilladas.

Costumbres politicas.

Contrastes,

ratilina.

Carlos IX y los Hugonotes.

Delirio m tremens; Dos sobrinoscontra nn tío. O. Primo Segando y Quinto. I De audaces es la fortuna. Don Sancho el Bravo. Don Bernardo de Cabrera; Dos artistas.

El amor y la moda.

lEstá local

En mangas de camisa.

EL TEATRO.

El que no cae... resbala.

El Niño perdido.

El querer y el rascar...

El hombre negro.

El Ándela novela.

El filántrojpo.

Esperanza.

El anillo del Rey.

El caballero feudal.

lEs un angelí

Espinas de una Oor.

El 5 de agosto.

El escondido y la tapada.

El Licenciado Vidriera.

lEn crisis!!!

El Justicia de Aragón.

El Caballero del milagro

El Monarca y el Judio.

El rico y el pobre.

El beso de Judas.

Echarse en brazos de Dios.

El alma del Rey Garda.

El afán de tener novio.

El ¡«icio público.

El sitio de Sebastopol.

El todo por el todo.

El molino de la ermita.

El corazón de nn padre.

El gitano, ó el hijo de las Alpu-

jarras. El ne las da las toma.

El camino de presidio. El honor y el dinero.

El hijo pródigo.

El payaso.

Furor parlamentario. Paltas javeniles. Flor de nn dia.

Grazalcma.

Historia china. Hacer cuenta sin la huéspeda. Herencia de lágrimas. Honra por honra.

Instintos de Alarcon . ladicios vehementes.

Isabel de Médicls.

Jaime el Barbudo. Joan sin Tierra, Juan sin Pena. Jorge el artesano.

Los Amantes de Chinchón.

Lo mejor de los dados...

I.os dns sarcentos españoles, 6

la linda vivandera. Los dos inseparables. La pesadilla de un casero. La hija del rey Rene, Los extremos. Los dedos huéspedes. Los éxtasis.

La posdata de una carta. Llueven hijos. La mosquita muerta. La clioza del almadreño. Los Amantes de Teruel. La Verdad en el Espejo. La Banda déla Condesa. La Esposa de Sancho el Braro. La Boda de Quevedo. La Creación y el Dllnvlo. La Gloria del arte. La Gitanilla de Madrid. La Madre de san Fernando. Las Flores de don Juan. Las Apariencias. Las Guerras civiles. Lecciones de Amor. Las dos Reinas. La libertad de Florencia. La Archidnqnesita. Las Prohibiciones. La escuela ñe los amigos. La escuela de los perdidos. La bondad sin la experiencia. La escala del poder. La alegría de la casa. Las cuatro estaciones. Las mujeres de mármol. La vida de Juan Soldado. La llave de oro. La Providencia. Los tres Banqueros. Las huérfanas de la caridad. La cruz en la sepultura.

La ninfa iris.

La pluma y la espada.

La Vaquera de la Finojosa.

La flor del víUé.

Los pobres de Madrid.

Libertinaje y pasión.

Libertad en la cadena.

Mi mamá Mal de ojo. Mariana l.abarlú. Martin Zurbano. Moredadesl

Negro y Blanco.

Ninguno se entiende, ó un bonr

bre tímido. Nobleza contra Nobleza. No es oro todo lo que reluce.

Olimpia.

Pescara rio revuelto. Piensa nial y' errarás.

Alumbra á este caballero. A última hora. Angélica y Medoro.

Buenas noche, vecino.

Claveyina la Citana. Cupido y Marte,

Eiceaas de Chamberí.

Por un reloj y un sombrero.

Por ella y por el.

Por una hija...

Para heridas las de honor, ó el

desagravio del Cid. Por la puerta deljardin.

Rival y amigo.

Su Imagen.

San Isidro (Patrón de Madrid.) Sueños de amor y ambición. Sin prueba plena.

Tales padres, tales hijos. Traidor, inconfeso y mártir Trabajar por c lienta ajena. Todos unos.

Ver y no ver. ' Verdades amargas.

Dn .Amor á la moda.

ZARZUELAS.

Ki ensayo de una íipcra.

El Grumete.

El calesero y la maja.

El Vizconde.

El perro del hortelano.

El secuestro de un difunto.

El lancero.

Guerra á mucrie

una conjuración femenina

ün dómine como hay pocos

Un pollito en calías prietas

rna idea feliz.

Un Huésped del otro mund

Una venganza leal.

una coincidencia alfabétlci

una noche en blanco.

ün anuncio en el Diario.

Una ráfaga.

una llave y un sombrero.

Dna mentira inocente. '•'

una mujer misteriosa. ''

una lección de corte.

Dna falta.

Vn paje y nn caballero.

Una broma de Quevedo. '•>

ün si y un no. "''i

Una Virgen de Mnrillo. "

Una aventura de Tirso,

Una lágrima y un beso. >

una lección de mundo, ^

Una mujer de historia.

Zamarrilla, 6 los bandidos I» Serranía de Ronda.

La litera de! Oidor. I.a noche de.ánimas. La famlMa nerviosa, 6 el s»

ómnibus. ^

Las bodas de Juanita. Los dos Klamantes. I.a vergonzosa en pafació La Dama del Rey. I.a Colegiala. La Jardinera.

Mateo T Hatea.

La Direccian de El Teatro se halla establecida en Madrid, calle del Péafi'riWin. I cuarto segundo de la izquierda.